Ladies in White

Consensos y disensos frente a la política de Trump para Cuba
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 19, 2017

Durante este fin de semana los medios oficiales han repetido hasta el
cansancio la declaración del Gobierno en respuesta al discurso de Donald
Trump. La retórica del texto recuerda los años previos al deshielo
diplomático, cuando la propaganda política giraba en torno a la
confrontación con el vecino del Norte.

Más allá de esas palabras, en la Isla muchos respiran aliviados porque
los pasos principales dados por Barack Obama no tendrán marcha atrás. Ni
la remesas de las que dependen tantas familias van a ser recortadas, ni
la embajada de EE UU en La Habana cerrada.

En las calles cubanas la vida continúa su lenta marcha lejos de lo dicho
en el Teatro Artime de Miami y lo publicado por la Plaza de la Revolución.

Julia Borroto puso desde el sábado a congelar el pomo de agua para la
cola que le espera este lunes a las afueras del consulado
estadounidense. Esta camagüeyana de 73 años, que llegó a la capital
justo tras el discurso de Trump, recuerda que le habían dicho “que se
iban a acabar las visas y los viajes, pero veo que no”.

La jubilada también tenía otra preocupación: que reactivaran la política
de pies secos/ pies mojados eliminada por Obama en enero pasado. “Tengo
dos hijos que estaban tramando tirarse al mar. Acabo de mandarles un
mensaje para que se olviden del asunto”.

Las esperanzas de muchos balseros frustrados estaban puestas en que el
magnate devolviera los privilegios migratorios que disfrutaron durante
más de dos décadas los cubanos, pero Trump los defraudó. Cientos de
migrantes isleños que han quedado atrapados en Centroamérica en su ruta
hacia EE UU aguardaban también ese gesto que no llegó.

Entre los cuentapropistas la preocupación se palpa. Los dueños de casas
particulares que alquilan a turistas y los propietarios de restaurantes
privados lamentan que la nueva política conlleve una disminución de
turistas norteamericanos en la Isla. Los yumas son muy deseados en el
sector privado, especialmente por sus generosas propinas.

Mary, que lleva un negocio de hospedaje en La Habana Vieja, se siente
preocupada. “Desde que empezaron a venir los americanos prácticamente no
tengo un día con habitaciones vacías”. Había hecho planes sobre la base
de mayores flexibilizaciones y esperaba “que se abriera más ese turismo”.

En la televisión nacional hay una catarata de “indignadas respuestas del
pueblo” donde no faltan las alusiones a la soberanía, la dignidad y “la
voluntad inquebrantable de continuar el camino pese a las dificultades”.
El castrismo aprovecha la oportunidad para reactivar la adormecida
maquinaria propagandística que llevaba años sin su protagonista
fundamental: el enemigo.

Sin embargo, lejos de los micrófonos oficiales la gente se muestra
indiferente o inconforme con lo sucedido. Un bicitaxista jura no saber
de qué le están hablando cuando se le pregunta por los anuncios de este
viernes y un jubilado se limita a comentar: “esa gente que aplaude a
Trump en Miami ya no se acuerda de cuando hacían aquí la cola del pan”.

De los trece activistas que se reunieron con Barack Obama durante su
viaje a La Habana, al menos cinco opinaron para este diario sobre la
trascendencia de la nueva política hacia Cuba.

José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu),
estuvo en aquella mesa en marzo de 2016 y también fue mencionado en esta
ocasión por Donald Trump durante su discurso. El activista tenía
previsto haber estado en Miami para la ocasión, pero en el aeropuerto de
Holguín se le negó la salida y posteriormente fue arrestado.

“Es el discurso que debía ser pronunciado y el que pudo haber evitado
Raúl Castro”, afirma categóricamente el exprisionero político. Ferrer
considera que Obama hizo lo correcto cuando comenzó una nueva era en las
relaciones entre los dos países pero “la respuesta del régimen castrista
fue morder la mano que se le tendió”.

En opinión del líder opositor, en los últimos 20 meses se ha
multiplicado la represión y “resultaba obvio que había que administrar
una medicina diferente” porque “a una dictadura como esta no se la debe
premiar, se la debe castigar y más cuando se le dio la oportunidad de
mejorar su conducta y no lo hizo”.

A Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, también le impidieron volar
hasta Miami para asistir al evento. Para ella, las palabras del
presidente estadounidense fueron claras y “si el régimen cubano acepta
las condiciones que Donald Trump le ha impuesto, Cuba empezará a cambiar”.

Soler cree que la respuesta del Gobierno cubano está dirigida a
confundir al pueblo, que “no sabe exactamente lo que ha ocurrido”.
Sostiene que Trump quiere mantener los negocios con Cuba “pero no con
los militares sino directamente con el pueblo”, algo que la prensa
oficial no ha explicado.

El opositor Manuel Cuesta Morúa, que gestiona la plataforma #Otro18, es
tajante y apunta que “volver a las políticas fracasadas es la mejor
manera de garantizar el fracaso”. Las medidas anunciadas por Trump, en
su opinión, no ayudan a los cambios no ayudan a los cambios, y le
devuelven al Gobierno cubano “la coartada para mostrar su naturaleza
represiva”.

El disidente cree que la nueva política intenta devolver el debate sobre
la democracia en la Isla al escenario del conflicto entre Cuba y Estados
Unidos, “justamente cuando ya se empezaba a rescatar en el escenario
nacional entre el Estado cubano y la ciudadanía, que es donde corresponde”.

El director de la revista Convivencia, Dagoberto Valdés, considera que
hay una notable diferencia entre el discurso propiamente dicho “que
parece un regreso al pasado por el uso de un lenguaje de confrontación y
las llamadas medidas concretas que se han tomado”.

Para Valdés no hay una reversión mayoritaria de la política de Obama.
“Se mantienen los viajes de los cubanos americanos, la embajada, la
remesa… y quedó abierta la posibilidad de una mesa de negociación
cuando el Gobierno cubano haga reformas relacionadas con los derechos
humanos”.

La periodista Miriam Celaya presagiaba que el discurso no sería “como
esperaban los más radicales de Miami y de la llamada línea dura de la
oposición cubana. Lo que viene es un proceso y no significa que a partir
de mañana ya no vienen más norteamericanos a la Isla y que se acabaron
las negociaciones de cualquier tipo”, advierte.

En su habitual estilo punzante, agrega que “por mucha fanfarria, pitos y
címbalos que tocaron, por mucho que hayan abundado las sonrisas, y por
mucho que se le rieron los chistes a Trump, no parece que los cambios
van a ser tan promisorios como piensan los que proclaman que al Gobierno
se le acabó el pan de piquito”.

Celaya arroja luz sobre el hecho de que la declaración oficial del
Gobierno cubano “manifiesta la intención de mantener el diálogo y las
relaciones en el marco del respeto”. Esta es una gran diferencia con
otros tiempos en que un discurso como ese “hubiera provocado una marcha
del pueblo combatiente y una movilización militar”.

En lugar de eso, el oficialismo ha optado por las declaraciones y las
consignas revolucionarias en los medios nacionales. Pero en las calles
esa retórica apenas cala. “La gente está cansada de toda esta historia”,
sentencia con aburrimiento un pescador en el Malecón habanero. “Esto no
hay quien lo arregle, pero tampoco quien lo hunda”.

Source: Consensos y disensos frente a la política de Trump para Cuba –
www.14ymedio.com/nacional/Consensos-disensos-politica-Trump-Cuba_0_2238976086.html

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