Ladies in White

El buen pastor y el falso pastor
9 Mayo, 2017 6:51 pm por Alfredo M Cepero

“Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas”.
Parábola del Buen Pastor -Juan 10,1-18.

Miami, USA, Alfredo M. Cepero, (PD) La parábola del Buen Pastor es una
de las más emblemáticas e ilustrativas de la Santa Biblia porque
sintetiza en muy pocas palabras el mensaje y la misión por los que vino
a la Tierra el Hijo de Dios. Es la máxima expresión del amor de un
pastor que sacrifica hasta la propia vida para proteger a aquellos que
se le han encomendado a su cuidado.

Ese mensaje y esa misión fueron expresados con vehemencia y valentía en
días recientes por un prelado venezolano. El Cardenal y Arzobispo de
Mérida, Baltazar Porras Cardozo, demostró ser el buen pastor del pueblo
de Venezuela.

En un mensaje de conmovedoras palabras, el purpurado se despoja de sus
merecidos atuendos de Príncipe de la Iglesia y se abraza a los jóvenes
que se juegan la vida por la libertad de la patria.

En su mensaje, Porras Cardozo deja bien claro que no está interesado en
el favor de los poderosos sino comprometido con el bienestar de los
desamparados y perseguidos de su pueblo, el “Juan Bimba” consagrado en
la poesía y la prosa de Andrés Eloy Blanco.

Aunque no acostumbro a hacer citas demasiado largas de otros autores, en
esta ocasión no puedo resistir la tentación de hacerlo. El tema es tan
importante y las palabras tan elocuentes que deben de ser repetidas
hasta el cansancio para que las escuche un mundo hasta ahora insensible
a la tragedia de Venezuela.

En su mensaje a los jóvenes, emitido el 13 de abril pasado, el cardenal
hace un acto de confesión patriótica cuando dice: “Yo estoy con los
muchachos, ..con los que se escapan de las madres, que ya no pueden
atarlos a las casas… Con los muchachos que se empecinan en despertar un
país dormido que solo se lamenta, un país verbo, país paz de la fea, de
la sumisa…Estoy con los muchachos, porque creo en las conquistas, no en
las regalías, porque soy como ellos, un poco tonto, otro bravío, o
simplemente porque no me da la gana de dejarle mi país a las hienas”.

¡Bravo Cardenal, Bolívar lo bendice desde su gloria eterna!

Como era de esperar, la jauría que se ha apoderado por la fuerza de
Miraflores y que repite las consignas ofensivas que le envían desde La
Habana, la emprendió contra el prelado. La respuesta soez expresó que:
“Guiado por el demonio, el Cardenal Baltazar Porras envía carta apoyando
odio y violencia de guarimberos. Rompiendo con toda regla y paradigma,
los religiosos venezolanos se han dedicado a politizar la fe católica y
a apoyar a vándalos que sólo buscan violencia y desestabilización”.

Pero, en honor a la justicia, Porras Cardozo no es la excepción entre
los miembros de la curia venezolana sino la regla. En enero de este año,
la reportera en Caracas del ABC de Madrid, Ludmila Vinogradoff, daba
cuenta de que: “El arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, instó a
los sacerdotes a leer en todas las misas del pasado domingo una homilía
en la que animaba a los venezolanos a no dejarse intimidar y a
“erradicar la dictadura por la vía “pacífica y democrática”.

Con esto no queda duda alguna de que la Iglesia de Venezuela, a
diferencia de la de Cuba, ni pide permiso ni acepta órdenes de Roma a la
hora de enfrentarse a los tiranos que oprimen a su patria.

¡Qué contraste entre esta Iglesia de Venezuela erguida ante sus
opresores y la Iglesia de Cuba arrodillada ante los diablos que
martirizan a mi patria! ¡Qué contraste entre sus buenos pastores y
nuestros falsos pastores! ¡Qué contraste entre Baltazar Porras Cardozo y
Jaime Ortega Alamino! El primero confrontando a sus tiranos y el segundo
al servicio de nuestros déspotas.

A propósito, volvamos a la parábola del buen pastor donde hace
referencia a los falsos pastores. “No así el asalariado, que no es el
pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye
abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. A él sólo
le interesa su salario y no le importan nada las ovejas”.

Esa ha sido la conducta de Jaime Ortega. No sólo abandonó a las ovejas
encomendadas a su cuidado para servirse a sí mismo sino que fue más
allá. Vilipendió y despersonalizó a quienes se atrevieron a denunciar su
miserable conducta.

Durante una conferencia en la Universidad de Harvard, Ortega manifestó
que la ocupación de la Basílica Menor de la Iglesia de Nuestra Señora de
la Caridad, en Centro Habana, por un grupo de 13 opositores, fue
organizada por la “gusanera” que opera desde Miami.

La realidad es que la ocupación fue una operación pacífica organizada en
Cuba y que Ortega aprobó con antelación el operativo militar que puso
punto final a una de las más significativas acciones de la oposición en
víspera de la visita del papa Benedicto XVI a Cuba, realizada del 26 al
28 de marzo de 2012.

En un acto de supina vileza, este Judas negó que hubieran sido sacados
por la fuerza y agregó que: “Ellos eran un grupo que, me apena mucho,
pero todos eran antiguos delincuentes”. Afirmó Ortega: “Había un ex
preso cubano que había sido devuelto a Cuba, había estado seis años en
la cárcel, y fue una de las personas excluibles que fueron mandados a
Cuba […]. Había toda una gente allí sin nivel cultural, algunos con
trastornos sicológicos”.

Pero la maldad de este hombre para justificar su repulsiva conducta no
conoce siquiera el límite del respeto a la memoria de los muertos. En
ese mismo viaje a los Estados Unidos declaró a la prensa que Monseñor
Agustín Román le recomendó no mencionar la palabra reconciliación en su
primera visita como cardenal a Miami en los años 80. “Román me llamó
aparte y me dijo: ‘En tus discursos, en tus homilías tú hablas de
reconciliación. No menciones esa palabra en Miami’”. Una frase que jamás
pudo haber salido de la boca de aquel hombre santo y humilde que fue
Monseñor Román y una mentira más de quien ha hecho de la farsa un modo
de vida de lujos y privilegios.

Otro incidente que ilustra la perversidad de este sujeto se produjo con
motivo de la celebración del 4 de julio de 2015 en la residencia del
jefe de misión de la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana. Un
grupo de opositores, entre los cuales se encontraban el dirigente
Egberto Ángel Escobedo y las Damas de Blanco Leticia Ramos y María
Labrada le reprocharon que hubiera negado que había presos políticos en
Cuba. La respuesta tajante de Ortega: “No, para mí no hay presos
políticos. Nosotros hicimos la gestión en el 2010 para sacar a los
últimos presos políticos que había y la Iglesia católica fue la que hizo
eso”. Acto seguido los amenazó con llamarles a la Seguridad del Estado.
No creo que sean necesarios más ejemplos.

Lo que sí quiero ratificar es que esta reconciliación farisaica
predicada por Ortega de las víctimas con sus victimarios es inaceptable
y humillante. No puede haber reconciliación con quienes han asesinado a
millares de seres humanos para preservar el poder. Además, los
centenares de jóvenes que murieron por su iglesia y por su patria ante
los paredones de fusilamiento gritando “¡Viva Cristo Rey! dieron
testimonio de que morían por su fe en el máximo exponente de los buenos
pastores, el que fue crucificado hace dos milenios en El Gólgota.

Este falso pastor cubano los habrá traicionado, pero todos son tan
mártires como los del Circo Romano, los de la Guerra Civil Española, los
de los campos de exterminio nazis y los decapitados por el terrorismo
islámico. Un día serán elevados a unos altares donde pido a Dios que no
oficien sacerdotes de la baja calaña de Jaime Ortega.

La opción de la Iglesia cubana en estos momentos es muy clara. Se une a
su pueblo en la defensa de la libertad, como ha hecho la Iglesia
venezolana, o se prepara a pagar las consecuencias de su complicidad con
la tiranía en la Cuba democrática que ya se avecina.

El momento de estar del lado correcto de la historia es ahora. Después
será demasiado tarde.

alfredocepero@bellsouth.net; *Alfredo M. Cepero
Tomado de www.lanuevanacion.com
Seguir en: twitter.com/@AlfredoCepero
*Director de www.lanuevanacion.com
*La Nueva Nación es una publicación independiente cuyas metas son la
defensa de la libertad, la preservación de la democracia y la promoción
de la libre empresa.

Source: El buen pastor y el falso pastor | Primavera Digital –
primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/el-buen-pastor-y-el-falso-pastor/

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