Ladies in White

Un escenario real, abominable y previsible, editorial 474
29 Marzo, 2017 12:27 am por Primavera Digital

La Habana, Cuba, Redacción, (PD) Ante la enorme conjura de indiferencia
internacional, poco puede hacer, financiada o no, la oposición pacífica
interna cubana. Frente a ella, se alza la brutal maquinaria del
capitalismo de estado de corte fascista-corporativo castrista. Esta
maquinaria, la margina o tolera en la justa medida de su conveniencia.

Hoy por hoy, el gobierno pide más y ofrece menos. El pueblo calla, como
de costumbre, aunque algo en su interior ha cambiado y se mueve. Veremos
cómo termina todo.

Mientras, gracias a sus aliados foráneos, de izquierda o de derecha,
políticos como el Sr. Barak Obama y la Sra. Mogherini, empresarios tipo
Odebrecht, etc., el sistema castrista podrá hacer con los cubanos lo que
le venga en gana, y el mundo no lo verá. No lo verá desde su adormilada
conciencia. La opinión pública internacional está condicionada en su
percepción por una prensa libre del corte New York Times-Londoño, etc.,
que suele llamar “presidente” a Raúl Castro.

Por suerte, en la actualidad los castristas son más débiles. No podrán
realizar con facilidad la transición a un régimen neo-castrista de
capitalismo de estado, con rasgos de fascismo corporativo y pinceladas
ruso- chinas. Se les ha complicado casi todo lo que pretendieron
realizar con respaldo financiero estadounidense.

Raúl Castro y sus allegados son incapaces para enfrentar con éxito
situaciones de crisis. Todos los jerarcas históricos son reaccionarios e
intolerantes. No saben cómo y por no saber, se resisten a aflojar. No lo
hacen, aunque solo sea para imitar por arriba a Rusia, China o Vietnam.

Julio César Gandarilla, el nominado vice o contralmirante y flamante
ministro del Interior, pretende acabar con la oposición política y la
sociedad civil antes de que su jefe Raúl Castro abandone la presidencia
del país el año próximo. Solo que le falta sutileza y habilidad para
ello. Se limita a reprimir con toda la zafiedad y la brutalidad imaginables.

Pero lo preocupantemente cierto es que lo único que el general Raúl
Castro sabe hacer, ha hecho y en lo que sí tiene sobrada experiencia es
en reprimir y matar. Eso es lo que ordenará.

Hoy disfrazan a los esbirros para que cuando repriman en las calles y se
afirmen en la violencia de género en que se afirman, parezcan ser “el
pueblo indignado que responde a provocaciones de la contrarrevolución”.

Los cambios políticos que conducirán a la democratización se atisban y
llegarán. En su momento quizás sea necesario y efectivamente se produzca
una ruptura arriba, en la cúpula político-militar. Para que esa ruptura
se realice, se hará necesaria la adecuada presión interna y también
externa. Un desencadenamiento de acontecimientos políticos y algunos
errores a los que es proclive el heredero en jefe, servirán de
catalizador. Las condiciones para esto ya se comienzan a perfilar.

No obstante, las señales que se perciben son alarmantes. El dilema
cubano se resolverá quizás con un golpe palaciego, un colapso económico,
una revuelta popular o la intervención divina. Así lo indica la
historia. Diferencias culturales aparte, ningún pueblo se ha librado por
sí mismo de un régimen totalitario. No existía sociedad civil en la
Unión Soviética o la Alemania nazi, porque allá, al igual que por acá,
el totalitarismo la yuguló con la anticipación necesaria.

Los servicios especiales y la jerarquía suprema del régimen militar
cubano ya diseñaron otra estrategia salvadora. Esta estrategia en su
momento fue llamada por algunos, “la marea roja”. Tal marea consistió en
desplazar hacia el ostracismo a la oposición real, ningunearla y colocar
en su lugar a una oposición dócil que responda a las necesidades
estratégicas del régimen en el momento inevitable de la transición o del
esperado fin. Al menos, ya cuentan con aliados foráneos, de izquierda o
de derecha y entre ellos, generosos financistas y ‘promotores’ que
lanzan a quien entienden o a la iniciativa que entienden y les convenga
(que no moleste mucho a la élite castrista) para proclamarla como
auténtica, única y más relevante creación de la oposición pacífica
cubana, aunque nadie en Cuba sepa cosa alguna sobre ese u otro particular.

Es por esto que se pretende acabar con la oposición política y la
sociedad civil antes que Raúl Castro abandone la presidencia del país el
año próximo (si la abandona) y en estos planes del régimen, ocupa lugar
preeminente acabar con las Damas de Blanco, los opositores frontales y
los pocos que testimonian afirmados en su derecho a ser honrados, a
pensar, hablar e incluso escribir sin hipocresía.

Recordemos a Martin Luther King cuando expresó: “No me preocupa el grito
de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin
ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

Source: Un escenario real, abominable y previsible, editorial 474 |
Primavera Digital –
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