Ladies in White

Alegría de caballo capado

Raúl Castro observa a su hermano Fidel durante el Congreso del Partido
Comunista Cubano. ISMAEL FRANCISCOAFP-PHOTO

La vida no cambia y las nuevas generaciones son unas figuras de cartón
que moldean los funcionarios del partidoLos jefes comunistas organizaron
una reunión con el andamiaje del campo socialista que incluye
secretismos, mentiras y soluciones sin almanaque
RAÚL RIVERO
20/04/2016 02:15
El VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, clausurado ayer en La
Habana, demostró que el grupo de poder impone el escenario de un país
cada vez más pequeño y falso, mientras los cubanos de la calle, los
grandes sectores marginados, se empeñan en los cambios y en el progreso
de la nación. O hallan la solución en una visa para cualquier país o en
una balsa para que el mar los libere. Los amigos extranjeros del
castrismo y la milicia interna han aplaudido el discurso
antiimperialista de Raúl Castro porque esa retórica, utilizada en los
seis congresos anteriores, produce una especie de nostalgia combativa y
causa la impresión de que la vida no cambia y que las nuevas
generaciones son unas figuras de cartón que moldean los funcionarios del
partido.Los anuncios de renovación que precedieron el congreso se han
dejado para una reforma constitucional y un referéndum sin fecha que,
para los que conocen la manera de actuar de los compadres de la Sierra
Maestra, servirán para darle una lechada de capitalismo de agua de
azúcar a las ruinas del socialismo.En general, los jefes comunistas
cubanos organizaron una reunión con todo el andamiaje del desaparecido
campo socialista que incluye secretismos, mentiras, entusiasmo
revolucionario prefabricado y soluciones sin almanaque. La jerarquía se
vio obligada, eso sí, a combatir a un invitado que entró sin credencial
a las sesiones: Barack Obama. El hombre, con el discurso que pronunció
en Cuba durante su reciente visita, venía en la cabeza de los delegados
que, aunque tienen sus privilegios, viven más cerca de la gente sin
libertad y con cartilla de racionamiento.De manera que Bruno Rodríguez,
el sonriente canciller que esperó con un paraguas al presidente en el
aeropuerto, tuvo que decir en la cita que con esa visita se produjo “un
ataque a fondo a nuestra concepción política, a nuestra historia,
nuestra cultura y nuestros símbolos.” Obama, dijo Rodríguez, trató de
encandilar al sector no estatal de nuestra economía “como si fuera en su
país el defensor de los que venden perros calientes.”Otro asunto
singular que estaba en agenda secreta del congreso es que, a pocas
cuadras del sitio donde hablaba Raúl Castro, la policía política le dio
una paliza a las Damas de Blanco.

Source: Alegría de caballo capado | Internacional | EL MUNDO –
www.elmundo.es/internacional/2016/04/20/57167eba468aeb704d8b4638.html

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