Ladies in White

Las marchas opositoras deberían cambiar de estrategia
Con reclamos de corte social ganarían simpatizantes entre los cubanos
que desayunan sólo café. No se pierde nada con intentarlo.
Iván García Quintero
enero 12, 2016

Más de 7.000 detenciones a disidentes en 2015, la mayoría por algunas
horas, golpizas, acosos, actos de repudios y tratos degradantes son
habituales en Cuba. Las reformas políticas no están contempladas en la
agenda del general Raúl Castro.

En La Habana hay una cuadra donde se respeta la democracia. No fue un
regalo del régimen. Fue una conquista ganada por las Damas de Blanco en
la primavera de 2010. En ese tramo se puede protestar y marchar sin que
te apaleen brutalmente.

Está situado al oeste de la ciudad, en Miramar. En Quinta Avenida, desde
la calle 26, donde radica la iglesia Santa Rita de Casia, hasta entre
las calles 22 y 24, en el antiguo parque Prado, en honor al prócer
peruano Mariano Ignacio Prado, hoy parque Mahatma Gandhi.

Después de la marcha comienza el jaleo. Desde hace ocho meses, cada
domingo, a partir de las 11:00 a.m., la Seguridad del Estado arma un
intenso operativo en las vías aledañas a la Quinta Avenida.

Decenas de motocicletas Suzuki con rudos oficiales de la llamada Sección
21, quienes por reflejos condicionados pegan primero y preguntan
después, esperan a los opositores en las bocacalles o cuando éstos se
dirigen a la parada de ómnibus situada en Tercera y calle 28.

Cada domingo, tres o cuatro ómnibus son extraídos del deficiente
servicio público para trasladar a los calabozos a Damas de Blanco y
disidentes. Un reguero de patrullas de la policía, una ambulancia
y camarógrafos de los servicios especiales filmando la gresca completan
el escenario.

Son movilizados civiles de las denominadas Brigadas de Respuesta Rápida,
un batallón heterogéneo en los cuales se juntan excombatientes
jubilados, cederistas y tipos de comportamiento delincuencial.

No es novedoso enfrentar lo que el régimen considera una ‘provocación’
con un populacho enardecido. El ambiente dominical en esa zona del
apacible barrio de Miramar es similar a las barras bravas de energúmenos
ultra radicales que montan un caos en los partidos de fútbol en Argentina.

Las bajas pasiones entran en acción. Con palos, cabillas o piedras
agreden a compatriotas por la simple razón de que ellos piensan
diferente. El método es la violencia. La humillación. El linchamiento
verbal.

Hasta el próximo domingo, cuando regresará la feria del escarnio.

Quien escucha los cánticos de esas brigadas paramilitares le entra
miedo en el cuerpo. “Al machete, que son pocas”, “apunten, preparen,
fuego” o “mercenarias”, son algunos de los estribillos salpicados con
gruesas palabrotas. Se puede discrepar de la estrategia de una
organización política, pero la intimidación y la chusmería no debiera
ser la solución.

En Gobiernos civilizados prima el diálogo y el respeto. Es evidente que
éste no es el caso.

En materia de libertad de prensa, la isla se ubica en el puesto 169 de
180 países en la lista anual de Reporteros sin Fronteras.

Cuba es el único país del mundo occidental donde los partidos políticos
opositores y cualquier otro que no sea el comunista, están prohibidos.
En el acápite de Derechos Humanos, el régimen sólo aprueba el lado que
ejerce.

Para el Estado verde olivo, los Derechos Humanos se resumen en salud
pública universal, educación para todos y acceso a la cultura y el
deporte. Que nadie duda son parte inalienables de los derechos del
hombre. Pero las normas de corte político y la libertad de expresión y
asociación también lo son. Es la teoría del vaso medio lleno o medio
vacío, según usted lo perciba. Sin apasionamiento o sesgo ideológico,
Cuba transgrede un número importante de derechos individuales.

Partidarios del castrismo lo justifican por ser una plaza sitiada,
acechada por Estados Unidos y cercada por un embargo económico. No lo creo.

La conducta de los gobernantes y sus secuaces, de repartir bofetones y
encarcelar disidentes es provocada por una predisposición genética
contra la democracia. La transparencia, el diálogo y el respeto a las
diferencias no forman parte de las estrategias políticas de la
autocracia castrista.

Casi 40 domingos después que las Damas de Blanco presididas por Berta
Soler y el Foro por los Derechos y Libertades liderado por Antonio
Rodiles comenzaran sus marchas y peticiones, la postura del régimen se
mantiene inalterable. La propia disidencia está dividida en cuanto al
método. Algunos creen que Soler y Rodiles no debieran desafiar
frontalmente la ferocidad irracional diseñada por los servicios
especiales, y por eso no se suman.

La prensa internacional apenas destaca las palizas dominicales. Y la
comunidad democrática occidental está ocupada en asuntos que considera
más importantes. A lo sumo, una insustancial nota informativa del vocero
de la Casa Blanca o el Departamento de Estado.

El problema no es si son razonables o exagerados los reclamos de las
Damas y del Foro. De lo que se trata es del derecho a protestar
pacíficamente sin ser reprimidos. Y no sólo en la ‘cuadra de la
democracia’ en la Quinta Avenida de Miramar.

En mi opinión, la disidencia debería estudiar otras estrategias. La
represión habitual llega a banalizarse y pierde interés noticioso en los
medios.

Desgraciadamente, el mundo de la comunicación hoy está regido por los
excesos. De la Confederación Helvética, por ejemplo, si aparece en un
cintillo, es porque algún dictador o mafioso tiene cuentas en sus
bancos, pero no porque su sistema democrático funcione como un reloj suizo.

Si no se producen muertos ni heridos o no participan más de 10.000
personas, los principales telediarios y los grandes periódicos del mundo
seguirán ignorando las palizas propinadas al centenar de mujeres y
hombres que después de marchar por un tramo de la Quinta Avenida, se
congregan en el parque Gandhi para protestar de forma pacífica.

Más que sumar participantes, las Damas de Blanco y el Foro por las
Libertades deberían añadir reclamos de carácter popular que afectan a
todos, como exigir mayor cantidad de alimentos a precios justos y
rebajas de precios en las tiendas por divisas. Mejorar la calidad de
vida; construir y reparar viviendas; dar solución a los más de 132.000
damnificados que viven en albergues precarios; y garantizar un
transporte público eficiente.

Elevar los salarios de risa; unificar la moneda; reclamar un debate
nacional sobre las causas de la emigración imparable; reivindicar una
campaña contra de la violencia familiar y de género; y demandar que se
derogue la Ley 217 que impide a compatriotas de otras provincias
asentarse en La Habana.

Solicitar al Gobierno la inclusión de cubanos en la nueva Ley de
Inversiones Extranjeras e instarlo a que promulgue una ley que permita a
los cubanos de ultramar participar en la vida política nacional.
También, reducir los impuestos al trabajo privado, entre otras
reivindicaciones. La lista es más extensa. Las Damas de Blanco podrían
ser portavoces de ese ciudadano que observa el encuentro sentado en las
gradas. Cambiarían la dinámica en sus petitorios y plantearían nuevas
reglas de juego.

¿Cuál sería la reacción del Gobierno? Presumiblemente otra espiral de
violencia. Pero con reclamos de corte social ganarían simpatizantes
entre los cubanos que desayunan sólo café. No se pierde nada con intentarlo.

Source: Las marchas opositoras deberían cambiar de estrategia –
www.martinoticias.com/content/cuba-marchas-oposicion-estrategia-cambio/113055.html

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