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¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?
ERNESTO SANTANA | La Habana | 18 Sep 2015 – 6:33 pm.

Ante la visita del Papa Francisco, el Gobierno ha tensado al máximo el
músculo de su desmesurado aparato de control y propaganda. El resultado:
un tinglado monstruoso.

El Gobierno cubano, ansioso y expectante por la visita del Papa
Francisco, ha tensado al máximo todo el músculo de su desmesurado
aparato de control y propaganda y el resultado es un tinglado
monstruoso, un circo bien engrasado para la puesta en escena de un
superespectáculo concebido para el público internacional más que para el
nacional, que ya no se emociona fácilmente con otro Santo Padre, después
que los dos anteriores no trajeron ninguna mejoría significativa
—absurda ilusión— a su vida cotidiana.

Además, el operativo es tan desproporcionado y tan machacante, incluso
en comparación con las dos visitas papales anteriores, que la gente ya
está empalagada con tantas entrevistas y apariciones en los medios de
jerarcas católicos y de otras confesiones, con tanto twitter y tanto
facebook, con tanto apresurado maquillaje a las ruinas urbanas, con
tanta verborrea inflada.

Una vasta gigantografía —como en las dos visitas papales anteriores—
cubre la fachada de la Biblioteca Nacional José Martí y en ella aparece
una imagen de Jesucristo con expresión exhortativa y una frase escrita:
“Vengan a mí”. Los que pasan lo miran con indiferencia, pues mejor sería
que eso lo dijera Su Santidad cuando partiera hacia Estados Unidos el
día 22.

El gran show debe mostrar cuán afectuoso, disciplinado y espiritual es
el pueblo cubano, cuán unido está a sus líderes, pero también debe dar
una prueba de cuán perfecto es el control de los mandantes sobre el
obediente rebaño, pues si en alguna de las tres misas logra destacarse
de entre la muchedumbre algún desesperado —como en la ocasión anterior—
pidiendo libertad o cualquier otro de esos rezagos burgueses, el
incidente se convertiría en la excepción que confirma la regla.

Y la regla es que la totalidad del pueblo está totalmente de acuerdo con
todo lo que deciden sus gobernantes. Por eso, como dijo Su Eminencia el
Cardenal Jaime Ortega Alamino, es que en Cuba no hay presos políticos.
Si los hubiera, ya habrían sido liberados con los más de 3.000 que
generosamente Raúl Castro le ha regalado al Santo Padre.

El Misionero de la Misericordia, incluso ya desde Roma, empezaba a
enviar su mensaje: “La convivencia pacífica y fructífera entre personas
y comunidades que pertenecen a religiones distintas no solo es deseable,
sino posible”. Extraño consejo para un país donde no solo conviven en un
mismo cuarto católicos, espiritistas, paleros y pentecostales, sino que
hasta en una sola persona conviven las más variadas religiones.

Más sorprendente todavía es que el Sumo Pontífice exhorte a la paz entre
los cubanos, como si estuviésemos divididos y entrematándonos, cuando
está bien claro que, si acaso existe alguna división muy fuerte es
solamente entre los cubanos del Gobierno y el resto de los cubanos, pero
no son estos últimos los que, por ejemplo, golpean y arrastran a las
Damas de Blanco religiosamente cada domingo después de la misa en la
iglesia de Santa Rita.

Recientemente, el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, en una entrevista
para El Nuevo Herald, afirmaba que la visita a Cuba del Sumo Pontífice
pretende “ayudar a crear un ambiente que permita un aterrizaje suave, o
sea, una transición suave, sin caos y sin violencia” en nuestro país, y
precisaba que “por eso la Iglesia está haciendo tanto hincapié en el
tema de la reconciliación”. Esas palabras suenan de maravilla, pero
donde un mayor efecto positivo tendrían, digamos, sería en la Sección 21
de la Seguridad del Estado, aunque seguramente tendría que
deletreárselas bien a los muchachones que laboran allí, porque no son
muy buenos comprendiendo el lenguaje humano.

Entre las incógnitas que flotan en el aire sobre esta visita, una de las
principales es: ¿Qué dirá el Papa Francisco? Sabida es su costumbre de
no ser muy protocolar, de improvisar discursos y decir claramente lo que
cree que debe decir, pero sabido es también, y de sobra, que no es esta
una tierra a donde cualquiera puede venir a decir lo que piensa, pues de
esa difícil labor se ocupan solo los dos hermanos Castro.

Hace muchos años se escuchó bastante una canción de Violeta Parra que
criticaba abiertamente la violencia sanguinaria de las dictaduras de
derecha. En el estribillo se preguntaba: “¿Qué dirá el Santo Padre que
vive en Roma?/ Que le están degollando a sus palomas”. Hay que ver si el
primer Santo Padre latinoamericano hablará de las palomas que le están
degollando aquí mismo o de otras allende los mares. ¿Hablará de todos
los degolladores o solo de los de allá? ¿Tendrá en cuenta acaso si las
palomas y sus degolladores son de izquierda o de derecha, si están
arriba o están abajo?

Esa incógnita debe quedar despejada muy pronto. Mientras tanto, en el
Gobierno cuentan a los papas como si fueran medallas o trofeos, con
obsesión deportiva. La directora vitalicia de la Oficina de Asuntos
Religiosos del Comité Central, Caridad Diego, ha declarado, pletórica de
orgullo ateo, como si viniera de cazar patos: “Tres papas en 17 años: si
eso no es un récord es un buen average”.

Sin comentarios.

Source: ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1442593984_17001.html

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