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El cardenal Ortega y la iglesia que merecemos
Seguramente el Cardenal está muy ocupado con la jerarquía Castro
comunista en la preparación del viaje del Papa Francisco pero sería muy
bueno que de vez en cuando visitara los barrios marginales del país para
que conozca el rostro sin afeites del desamparo
martes, junio 23, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba. – Identificada desde 1959 por la propaganda castro
comunista como una institución manipuladora, anti científica y
contrarrevolucionaria; con cientos de sus sacerdotes expulsados del
país, y privada de medios de comunicación, hospitales, hogares de
ancianos, escuelas y gran parte de su patrimonio, a la Iglesia Católica
cubana sólo le quedó la opción de la subsistir.

En medio de tan precaria situación, quienes ocuparon las posiciones más
altas dentro del clero optaron por adaptarse a las circunstancias en
espera de tiempos mejores. El cambio comenzó a partir de la realización
del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) en febrero de 1986. Pocos
años después llegaría el período especial y una vez que se desatanizaron
las creencias religiosas por el gobierno y que permitieron la entrada de
los religiosos al partido comunista, las iglesias se llenaron poco a
poco de nuevos y antiguos fieles.

Desde entonces la Iglesia Católica Cubana ha ido fortaleciendo su
proyección social, reflejada en el desarrollo de pastorales de
indudables méritos como la Penitenciaria, la de Familia, Salud y Tercera
Edad. Otro logro es la distribución de publicaciones que aunque no son
del total conocimiento de la población cubana, han impactado la
formación de la nueva conciencia social de los cubanos.

La institución ha aumentado su proyección social en los últimos años
mediante la asistencia de la jerarquía eclesial a los esporádicos
diálogos con el gobierno, la obtención de permisos para poder celebrar
festividades religiosas en las calles, las numerosas publicaciones
religiosas y la visita de dos Papas al país en un lapso de doce años, a
las que se suma la visita próxima del Papa Francisco en septiembre de
este año.

Esto ha propiciado un clima favorecedor para la iglesia, que ha
comenzado a recibir algunas edificaciones confiscadas a comienzos de la
década del 60. Aún queda por ver si el gobierno reconocerá como derechos
de la feligresía participar libremente en todos los debates que se
produzcan en la sociedad civil, contar con medios de difusión propios y
educar a sus hijos en colegios cristianos, conforme lo establece el
art.26.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Recordemos que pocas concesiones son gratuitas, mucho menos cuando
provienen de una dictadura. Añado que no es secreto que nuestra Iglesia
tampoco ha escapado al control y la penetración del gobierno. A buen
entendedor…

En Cuba no tenemos un Arnulfo Romero

Cuba todavía no es El Salvador que le tocó vivir a Monseñor Arnulfo
Romero. ¿Tendrá que llegar otra etapa sangrienta de la dictadura para
que surja uno como él? Respeto extraordinariamente a los miles de
cubanos que a lo largo y ancho de todo el archipiélago, en anonimato y
estoicismo admirables, mantuvieron la fe en sus hogares. Igualmente
admiro a los hombres que renunciando al matrimonio, apartados de sus
familias de origen y otros añadidos civiles, optaron por el sacerdocio y
cada día dan muestras de una entrega encomiable. Desgraciadamente no
todos los feligreses y sacerdotes son así.

Dentro de la Iglesia Cubana hay hermanos que se erizan cuando se les
habla de política o se les pide un simple gesto ciudadano. Hay otros que
han participado en mítines de repudio y golpeado a disidentes. No ha
habido pocos que se molestan por la presencia de las Damas de Blanco en
nuestras misas. Se le suma además a todo esto que pasados los años de
persecución, ostracismo y precariedad, hoy abunda sobre las vocaciones
sacerdotales la tentación que genera una vida muy superior en
comodidades a la que disfruta el más común de los cubanos.

Aun así no son suficientes los sacerdotes cubanos ordenados por lo que
nuestra Iglesia necesita de la labor de los extranjeros, quienes saben
que cualquier expresión discordante puede costarles la expulsión del
país. Pero… ¿por qué no hablan los sacerdotes cubanos? Desgraciadamente
tampoco hay muchos como el Padre José Conrado Rodríguez.

En un país sometido a una férrea dictadura que todos los días viola su
propia constitución al detener injusta y arbitrariamente a cualquier
opositor pacífico, el silencio de la jerarquía eclesiástica y de los
sacerdotes es sumamente lacerante. Mucho más cuando son ellos los que
pregonan desde el púlpito “No tengáis miedo” o “Ama a tu prójimo como a
ti mismo” y luego le cierran las puertas a los humillados, perseguidos,
golpeados, enjuiciados, encarcelados y condenados a la muerte social.
Hace poco conocí la deplorable actuación de un sacerdote de Guantánamo
con respecto a opositores pacíficos de la UNPACU y sufrí personalmente
sus ataques por aplicar una encuesta política a uno de sus trabajadores.
¿Será que estoy leyendo otra Biblia?

Nuestra Iglesia no será trascendente mientras no muestre un inequívoco
compromiso con todos los excluidos, entre los que sin duda están los
opositores pacíficos. No hará realidad el protagonismo del laicado
mientras preserve su rígida estructura vertical. No crecerá mientras su
doctrina social se mantenga encerrada en los hermosos tomos de las
bibliotecas diocesanas ni hasta que los templos se abran al debate sobre
ella y la sociedad. No ganará la confianza del pueblo mientras continúe
coqueteando con la dictadura más prolongada de todo el hemisferio
occidental.

Las irresponsables declaraciones del Cardenal Jaime Ortega

El Cardenal Jaime Ortega cuenta con una abultada historia de
declaraciones desafortunadas. A la lista se suman ahora las que ofreció
recientemente a la emisora española SER, en la cual dijo, entre otras
perlas, que en Cuba no había presos políticos ni desamparados.

Seguramente el Cardenal está muy ocupado con la jerarquía Castro
comunista en la preparación del viaje del Papa Francisco pero sería muy
bueno que de vez en cuando visitara los barrios marginales del país para
que conozca el rostro sin afeites del desamparo. O que algún domingo
presenciara cómo son golpeadas las dignas Damas de Blanco luego de salir
de misa.

Me gustaría mostrarle los documentos que poseo sobre el triste ejercicio
de justicia en que se convirtió el proceso penal seguido en mi contra en
el año 1999 y otros acuñados por la Organización Nacional de Bufetes
Colectivos y el Ministerio de Justicia negándome el derecho a ejercer
como abogado. O enseñarle los documentos mediante los que me iniciaron
un expediente para invalidarme el título de abogado por asesorar a los
familiares de los presos en la Casa Parroquial de Guantánamo, expediente
que mantienen en suspenso desde hace un año y medio en franca violación
de todos los términos. Le diría también, que hay un escritor nombrado
Ángel Santiesteban, Premio Casa de las Américas, que está preso gracias
a otra patraña judicial y que no es la única persona que permanece en
prisión por motivos políticos.

Finalmente, me gustaría decirle que yo también estaría contento de que
Raúl Castro Ruz volviera a rezar y a asistir a misa si muestra sincero
arrepentimiento por todo lo que le ha hecho a nuestro pueblo. Aunque
estoy convencido de que el Cardenal sabe muy bien que esa es otra
declaración para una puesta en escena en la que quizás Raúl y él tengan
papeles protagónicos. Quiera Dios que me equivoque.

Source: El cardenal Ortega y la iglesia que merecemos | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/el-cardenal-ortega-y-la-iglesia-que-merecemos/

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