Ladies in White

La sociedad civil y sus enemigos
El próximo cartel de peleas de la oposición contra el gobierno se fija
entonces para el 10 y 11 de abril en Panamá
Arnaldo M. Fernández, Broward | 23/02/2015 12:19 pm

Dizque la noción de sociedad civil “parece tener las propiedades de un
gas”,[1] ya que se expande o contrae a gusto, pero falta añadir que,
entre cubanos, se puede expandir y contraer de un solo golpe, como acaba
de suceder con el planteo de que “la pelea, ahora, es por la sociedad
civil”.

– Expansión: “En el discurso donde anunció su voluntad de reestablecer
relaciones diplomáticas con Cuba, Barack Obama exigió que la sociedad
civil cubana estuviera presente en la Cumbre de las Américas, a
celebrarse en abril, a la que asistirá también una representación
gubernamental”.

Así, la sociedad civil cubiche se expandiría hasta colarse en una cumbre
de Jefes de Estado y de Gobierno auspiciada por la OEA. Obama no exigió
semejante desatino, sino que apenas dijo esto: “We are prepared to have
Cuba join the other nations of the hemisphere at the Summit of the
Americas. But we will insist that civil society join us so that
citizens, not just leaders, are shaping our future.”
Hay que tener ganas de tumbar un viaje a Panamá para tergiversar, como
exigencia de que la sociedad civil cubana (en particular) esté presente
en la Cumbre de las Américas, la insistencia de Obama en que la sociedad
civil (en general) se una a los líderes políticos para que también los
ciudadanos conformen el futuro común.

– Contracción: “[Cabe aludir] al CENESEX de Mariela Castro Espín, donde
coinciden venturosamente la sociedad civil y la sucesión política”.

Pensar a estas alturas que la sucesión política en Cuba se contrae al
apellido Castro indica no haber comprendido nunca que el castrismo cuajó
como dictadura de partido único. Y lo peor es que perdurará por entre
tantos rivales discapacitados.

La pelea
El próximo cartel de peleas de la oposición contra el gobierno se fija
entonces para el 10 y 11 de abril en Panamá, aunque desde 1994 está
pactado por la OEA que al ring de las cumbres suban nada más los
titulares del liderazgo político de cada país.
El gobierno tiene previsto otro cartel para el 19 de abril en Cuba, con
peleas en 24 mil 701 sedes denominadas colegios electorales. Como estas
peleas están pactadas entre candidatos del gobierno, la oposición
ganaría solo si la gente va, pero no vota por ninguno de aquellos, sino
que deja en blanco o anula la boleta.
El llamado a pelear por la sociedad civil acota: “Expulsada de lo
parlamentario desde su origen, la oposición política cubana se encuentra
amenazada de ser expulsada también de la sociedad civil”, pero agrega
que “EEUU no podría prescindir de los grupos de oposición, que han sido
hasta ahora sus únicos interlocutores dentro del país. Por política o
por retórica, necesita de ellos”.
No hay tal necesidad. Aparte de que la propia SINA en La Habana informó
a Washington que los grupos de oposición no sirven para nada
políticamente, ya viene llegando el momento en que convendrán más a la
retórica de Washington las movidas del gobierno que otro alarde vacío de
Antúnez, otra bambolla de Fariñas, otra chusmería de las Damas de Blanco
u otro performance opositor cualquiera.
Está claro que el Estado totalitario se define por la ausencia forzada
de oposición parlamentaria, pero igual de claro resulta que la sociedad
civil depende al menos indirectamente del Estado. Aunque “EEUU se
propone interactuar con la sociedad civil cubana”, tendrá que hacerlo
por la canalita denominada marco legal.
Así que la pelea de verdad no es “por la definición de la sociedad
civil”, sino la misma pelea de siempre por cambiar el marco legal. Para
ello la oposición tiene que meterse en el parlamento y no podrá hacerlo
sin ganarse primero al pueblo. Sólo así impediría quedarse fuera de la
sociedad civil. Esa ha sido la pelea desde que los cubanos votan
directamente por los diputados a la Asamblea Nacional. Sólo que esa
pelea es dura y de barrio, sin viaje a Panamá ni otras sabrosuras.
La definición
Abogar por —y más aún financiar— la presencia de representantes de la
sociedad civil cubana en la Cumbre de las Américas no es parte de la
sociedad civil, sino mera estrategia política de quienes desean
controlarla. Los grupos auténticos de la sociedad civil cubana no tienen
ni siquiera que estar conscientes de formar parte de ella. Al imprimir
giros políticos a la sociedad civil —ya sea para reforzar el Estado
realmente existente o para intentar superarlo con otro mejor, para colmo
con ayuda de un Estado extranjero— se falsea la esencia de aquella como
red de estructuras sociales que no dependen directamente del Estado.[2]
Y en cuanto a definiciones, cada cual acerca la brasa a su sardina, sin
importar ni siquiera que se queme. Una ponencia CAFEtera, por ejemplo,
atribuyó a Habermas concebir la sociedad civil en “frontal oposición al
Estado”, a pesar de su posición clara sobre la sociedad civil “en
diálogo” con el Estado y aun consigo misma.[3] Así nos toparemos a cada
paso con la definición que más convenga al propósito, desde proyectos de
profundización democrática hasta estudios dizque académicos sobre
transformaciones sociales y políticas.

1. FOLEY, Michael W. y EDWARDS, Bob, “The Paradox of Civil Society”,
Journal of Democracy, VII, 3, 1996, p. 42.
2. Cortina, Adela. “Sociedad civil”, Diez palabras clave en Filosofía
Política, Madrid: EVD, 1998, p. 361.
3. Habermas, Juergen. Facticidad y validez, Madrid: Trotta, 1998, p. 447-50.

Source: La sociedad civil y sus enemigos – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-sociedad-civil-y-sus-enemigos-322020

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