Ladies in White

Publicado el martes, 06.03.14

El universo de la democracia no es blanco ni negro
NICOLAS PEREZ
Estuve el pasado sábado en un almuerzo en casa de Carlos Saladrigas, con
quien las diferencias abismales de criterios sobre la problemática
cubana solo son comparables con el respeto que le tengo porque lo que
piensa lo dice y lo hace sin medir consecuencias del contorno; vivir es ser.

Quise ser poeta y se me fue el avión, solo me queda de la poesía el
rescoldo de ver visiones y su música. Hubo instantes en aquella tarde
que me separé del grupo en mis Cayos mirando el mar Caribe, y fijé la
vista en el horizonte ensimismado, y quizás por la calidad y la entrega
a la causa cubana de los invitados, creí ver a mi isla en lontananza,
ese caimán entre cadenas más allá de las olas.

Puede tener razón uno de los compañeros de prisión que más respeto por
su integridad y decencia, que criticándome en un e mail sobre mi último
artículo planteó, con una crítica legítima, que digo cosas “raras”, y
añadió que ese miércoles había “rebasado la copa”. Y me pregunto, ¿en
este artículo no rebasaré también la copa y se manchará el mantel? Pero
es que siempre he pensado que el universo de la democracia no es blanco
ni negro, tiene los siete colores del arco iris y todas las voces tienen
un fondo de verdad.

Compartí aquella tarde con Héctor Palacios y dos de las fundadoras de
las Damas de Blanco, la economista Miriam Leiva, viuda de Oscar Espinosa
Chepe, y Gisela Delgado. Eran tan solo tres anticastristas de la isla,
pero de ejecutoria impecable e ideológicamente brillantes.

Siempre he creído que el mayor crimen del castrismo ha sido reprimir
brutalmente a la mujer cubana. Y me estremecieron las historias de
Miriam y Gisela, y me sentí profundamente conmovido al recordar a Yoyi
Castro, a mi Margarita Blanco, Clarita González, Sara Diez Argüelles,
Cristina Cabezas y tantas otras mujeres que anónimas, sin respaldo
internacional, ignoradas por su propio pueblo e incluso por la mayoría
del exilio de entonces, vestidas de amarillo, no de blanco, desde las
rejas de la prisión de Guanajay hace medio siglo, fueron las precursoras
del coraje de la actual mujer cubana, heroísmo que afortunadamente, son
tiempos mejores, hoy reconoce el mundo entero.

Hubo un instante en la reunión, en esos extraños segundos de silencio
que cruza un ángel de puntillas por el aire; dije que escribía en
Opiniones de El Nuevo Herald, pero como la reunión era social, no
política, lo que se dijera en ella quedaría en el baúl de mis recuerdos.

Todos protestaron y dijeron que nada tenían que ocultar. Les recordé que
regresarían a Cuba; Miriam Leyva, que regresa a la candela el 15 de
junio dijo: “¿qué le importa una raya más al tigre?”, y todos rompimos a
reír sobre algo muy serio.

Hubo un instante en que me concentré en Héctor Palacios, sociólogo de
profesión. Ha estado en la cárcel en multitud de ocasiones, y ha sufrido
cuatro condenas, la última en la Primavera Negra del 2003.

Me dijo que considera la polémica Carta de los 40 un documento
histórico, y añadió, “aunque José Martí nos enseñó que hasta el sol
tiene sus manchas y ningún documento político es perfecto”.

Hizo una crítica sobre la declaración donde puso el dedo sobre la llaga;
tanto los que la escribieron, como los que la firmaron, como sus
detractores, no consultaron en absoluto al pueblo de Cuba sobre la carta.

Entonces se le ocurrió hacer con sus escasos recursos 25 llamadas a Cuba
a personas simples pero pensantes de diferentes extracciones, puro
pueblo, y obtuvo respuestas sorprendentes.

Una: Ni un solo cubano conocía el contenido real de la carta, solo
cuatro de ellos tenían versiones tergiversadas de la misma.

Dos: ningún entrevistado estaba informado del apoyo de la carta a la
sociedad civil.

Tres: 24 plantearon que la administración de Obama debía tenerla en
cuenta, y uno dijo que necesitaba más tiempo para opinar sobre un tema
tan complejo.

Cuatro: Ni uno solo dijo que el documento afectaba los cambios
económicos en Cuba, necesarios, pero de una lentitud tal que los hace
poco efectivos para solucionar el hambre, las miserias y las desgracias
del pueblo cubano.

Puede pensar un sector del exilio, y esta opinión ya es mía, que las
respuestas son surrealistas pero se olvidan que lo brutalmente
surrealista es la vida diaria del pueblo cubano desde que abren sus ojos
por la mañana hasta que se acuestan por la noche.

También esto es totalmente mío: o fortalecemos la sociedad civil y le
hacemos llegar al pueblo de la isla una información fidedigna, sólida y
concreta sobre lo que sucede en el mundo, o sobre la libertad de Cuba
hay que echarle guindas al pavo y margaritas a los puercos.

Source: NICOLAS PEREZ: El universo de la democracia no es blanco ni
negro – Columnas de Opinión sobre Cuba – ElNuevoHerald.com –
http://www.elnuevoherald.com/2014/06/03/1763801/nicolas-perez-el-universo-de-la.html

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