Ladies in White

Disidencia, Represión

El totalitarismo corriente
La “batalla de ideas” de la dictadura se reduce a las golpizas
Eugenio Yáñez, Miami | 13/02/2014 12:08 pm

“Nosotros sencillamente le vamos a dar una paliza. La paliza que se
merecen”, dice en Cuba un jefe de pandilla preparando a sus pandilleros
revolucionarios para lanzarse contra opositores, según un video que
circula en estos días.
Que el muy energúmeno no sepa hablar ni lo que es la concordancia
gramatical no demerita su liderazgo: todo lo contrario. Mientras más
bruto mejor. “No vamos a discutir con nadie. Nosotros no tenemos que
discutir aquí con nadie. Además no le vamos a convencer a ninguno de
ellos. A los mercenarios no se les convence”. Son mercenarios, no seres
humanos. Ese es el súmmum de la arenga a sus canallas, expresa la
superioridad del castrismo sobre todas las demás ideas políticas en todo
el mundo y todas las épocas.
Infame dictadura que recurre a miserables y cobardes muertos de hambre
morales para imponerse con excesos y golpizas, incapaz de apelar a
razones y resultados positivos para ganar corazones y mentes. Tras más
de medio siglo prometiendo el paraíso y llamando a formar el hombre
nuevo, ese es el gran legado que deja a las generaciones futuras eso que
todavía algunos llaman “la revolución cubana”.
Ya no es cuestión de nivel de vida, proteínas y calorías, cifras,
estadísticas, derrumbes de viviendas, demoras del transporte, precio de
los alimentos, coeficientes, hacinamiento, jineteras, remesas, venta de
autos, salarios insuficientes, mafia de Miami, vertederos de basura,
profesores emergentes, falta de higiene, jubilados sin recursos,
prisiones repletas, bloqueo-embargo, actualización de modelo,
cuentapropismo, marabú, reforma migratoria, detenciones arbitrarias,
chispa’etrén, falta de urbanidad, sino “sencillamente” imponer el
sometimiento a palos y golpes a quien no desee seguir siendo un esclavo
apabullado o explotado en la enorme finca de los hermanos Castro.
Moral de prostíbulo, disciplina de presidio, lenguaje de potrero, bajas
pasiones, honor de proxenetas, amenazas, chantajes, paroxismo, insultos,
descalificaciones, patadas a mujeres, abusos como norma, delaciones,
falsas acusaciones, indolencia ante problemas sin resolver, desprecio a
la población, envidia, bajeza, alarmas infundadas, tergiversación,
tremendismo, prensa amañada, gobierno tramposo, privilegios inmorales,
discursos huecos, promesas vacías. Cada día peor que el anterior. Y sin
perspectivas de mejorar.
Todo eso y más es lo que ha logrado el general-presidente casi ocho años
después de adueñarse del poder. Mientras continúa sin aprender: un país
no se dirige como se manda un campamento. Mucho menos como se maneja un
burdel en el Caribe.
Sus esbirros en Cuba y el mundo, incluidos los de foros digitales,
acorde con esa moral prostibularia del régimen, continúan tergiversando
información, denigrando e insultando a quienes no pueden defenderse,
ocultando realidades, falsificando noticias, mintiendo, amañando
juicios, desviando la atención hacia problemas de todos los demás en
todo el mundo, para que no se observen, mucho menos se señalen, los
bochornos de la dictadura.
Hablarán de unidad en la diversidad en la Conferencia de CELAC, mientras
detenían arbitrariamente a cientos de opositores por pensar diferente.
Pedirán “respeto” a la Unión Europea mientras no respetan opiniones
opuestas a las de La Habana. Dirán de pobrezas, hambre y miseria en
países desarrollados, mientras en Cuba cada vez escasean alimentos y los
precios se elevan sin límites. Se rasgarán las vestiduras por abusos
policiales en Estados Unidos si alguien maltrata a un detenido o dispara
contra un delincuente armado. Y ocultarán que ese alguien será
investigado y sancionado si se le prueba responsabilidad en abusos o
excesos. O que nunca podrá justificarse diciendo que el delincuente era
un mercenario, aunque lo fuera.
¿Cuántos represores han sido sancionados en Cuba por golpear opositores,
por patear Damas de Blanco? ¿Cuántos han respondido ante los tribunales
por participar en un mitin de repudio, lanzar excremento, piedras o
pintura contra la vivienda de un opositor? ¿Cuántos trabajadores salen
del trabajo, o estudiantes de sus aulas, incluso niños, para participar
“espontáneamente” en un infame mitin de repudio? Esa es la moral
socialista. Así actúan los hombres nuevos.
Nunca sancionados, los bestias al servicio de los intereses más bajos de
la tiranía son los “duros” que defienden al “pueblo” frente al enemigo.
No reciben demasiados estímulos, porque no son parte de la camarilla en
el poder; tal vez una vaga promesa de resolverles en algún momento un
problemita material, lo que nunca ocurrirá, naturalmente. Sin embargo,
en su oprobio compartido, se conformarán con recibir de algún seguroso
de tercera categoría una palmadita en la espalda, o una cajita con un
poco de congrí frío y pescado al horno para “ir tirando” mientras gritan
e insultan durante horas a sus semejantes, sin saber ni a quién gritan
ni por qué: simplemente porque se les ordenó.
Cada dictadura tiene los esbirros que merece. El totalitarismo cubano
corriente no cambiará y continuará dando palizas y abusando de los cubanos.
Hasta el día en que a los esbirros y los dictadores les llegue la
justicia que se merecen.

Source: El totalitarismo corriente – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-totalitarismo-corriente-316721

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