Ladies in White

Tres generaciones de desterrados
Día 13/03/2011

Al poco de llegar a España tras salir de prisión, Víctor Rolando se
quedó «impactado» al ver en la Puerta del Sol cómo un grupo de personas
«protestaba sin riesgos» contra el régimen castrista. Todavía hoy
observa incrédulo por televisión cuando «el Gobierno de
responde sin brutalidad a las críticas de la oposición». De integridad y
valentía probadas para sus compatriotas, Víctor Rolando Arroyo, ex
prisionero de conciencia, licenciado en Geografía, nacido en Pinar del
Río hace 60 años, fue encarcelado en tres ocasiones por disentir de la
dictadura. La última entre la Primavera Negra de 2003 y el 7 de
septiembre de 2010, fecha en que aterrizó en España después del
compromiso de Raúl Castro de excarcelar a los 52 presos políticos de esa
oleada represiva —los últimos del «Grupo de los 75»—, en un diálogo
inédito con la Iglesia católica cubana que acompaña el Gobierno español.
La condición del menor de los dictadores fue cambiar la celda por el
exilio forzado. La mala de varios familiares, gran parte secuela
del hostigamiento del régimen comunista, pesó a la hora de tomar la
decisión.

Un artículo crítico sobre el método del cultivo del tabaco le costó por
primera vez la cárcel en 1996. Nueve de los dieciocho meses en una celda
de castigo de metro y medio por tres metros con dos peligrosos presos
comunes. La segunda fue en el año 2000, cuando participaba en la campaña
«Reyes Magos del Milenio», una iniciativa lanzada desde Miami para que
en la isla se recuperara esa tradición. Además de perder de nuevo la
, le confiscaron los 400 juguetes que había comprado en las
tiendas oficiales con dinero enviado para ese fin desde .

El ex prisionero de conciencia elaboraba proyectos territoriales para el
Instituto de Planificación Física de Pinar del Río cuando empezó a
disentir de jefes que incumplían los planes. Arroyo, que es católico
practicante, comenzó a asistir al Centro de Formación Cívica y Religiosa
que dirigía el disidente Dagoberto Valdés. Luego se incorpora a grupos
opositores, es promotor del Proyecto , de Oswaldo Payá, y ejerce
como bibliotecario y periodista independiente.

Después de los últimos siete años de presidio —con palizas y huelgas de
hambre incluidas—, intenta recuperar el tiempo robado a la familia en
España. Víctor Rolando Arroyo llegó a Madrid junto a su esposa, Elsa
González Padrón, licenciada en Historia, maestra y miembro de las Damas
de Blanco. También su hija Nairelys —entonces embarazada de ocho meses y
de ese grupo de mujeres de presos— y su familia: Jorge, su marido,
instalador de la telefónica estatal , y su hijo Jorge Javier, de
dos años. Con el disidente cubano viven los dos hijos del primer
matrimonio de Elsa, Miguel Ángel y Rainder, de 20 y 24 años,
respectivamente.
Un luminoso piso en Móstoles

El hostal Welcome, de Vallecas, fue la primera dirección de los Arroyo
en España. Después del nacimiento de Diego Alejandro, el 8 de noviembre
en el Gregorio Marañón, vivieron tres meses en Sigüenza.
Siempre con la asistencia de las ONG Cruz Roja, CEAR o Accem, que
canalizan la ayuda del Gobierno español. Hasta que el 1 de marzo se
trasladan a un luminoso piso de cuatro habitaciones en Móstoles, junto a
la Universidad Rey Juan Carlos. «Este tipo de apartamentos en Cuba solo
los tiene la elite del régimen», confiesa en voz baja Víctor Rolando.
Elsa piensa lo mismo sobre el horno y el microondas que tienen en la
cocina, donde preparan el «arroz moro» (con frijoles) y otros platos
cubanos que procuran comer a la misma hora que lo harían en su país.
Esta familia cubana recibe del Gobierno español, vía las ONG, 740 euros
para el alquiler de la y 580 euros para comida y gastos de la casa.

Mientras espera la respuesta a su petición de asilo político, el
disidente cubano se ha creado una rutina que consiste en colaborar con
el Observatorio Cubano de , estudiar, leer, pasear,
recibir a la creciente comunidad cubana y visitar a su hija, también
vecina de Móstoles. Desde julio, han llegado a España 68 presos cubanos,
40 del «Grupo de los 75», aunque una minoría ya se ha marchado a Estados
Unidos y un grupo considerable pretende hacer lo mismo. Arroyo manifestó
su deseo de permanecer en España.

Esta semana, Nairelys ha cumplido 28 años. Su casa está a un par de
paradas de metro de la de Elsa y Víctor Rolando, que le llevan un regalo
en una bolsa (jaba para los cubanos) de un hipermercado. La vivienda es
algo más pequeña y oscura. Pero están felices con sus dos bebés y unos
amigos cubanos que acaban de preparar pescado marinado. Lo celebran con
vino tinto. Nairelys y Jorge se han acogido a la protección subsidiaria
permanente, que les da derecho al permiso de residencia y trabajo. Pero
el joven cubano afirma que no encuentra trabajo, que varias compañías
telefónicas le han dicho que «les sobran instaladores». Son conscientes
de que han aterrizado en España en el peor momento, con más de cuatro
millones de parados.

Una vez encarrilados los problemas médicos, a Víctor Rolando le preocupa
su situación legal, laboral y académica por la homologación de los
títulos. Sabe que la ayuda oficial española no puede ser eterna.
«Estamos en un limbo jurídico y emocional, no tenemos seguridad de
nada», se lamenta. El ex político afirma que «hace tres meses que
tenía que haber recibido respuesta a la petición de asilo político por
el procedimiento extraordinario, como nos sugirieron las mismas
autoridades españolas que se podía tramitar».

Sin embargo, fuentes oficiales españolas indicaron a ABC que la ley de
asilo establece que el plazo para responder es de seis meses
prorrogables. A finales de marzo se reúne la comisión interministerial y
es previsible, según las mismas fuentes, que se conceda el asilo
político a «un número significado» de ex presos políticos cubanos. Los
portavoces del Ministerio de Exteriores consultados rechazan que se
hallen en un «limbo legal», porque «o bien tienen el estatuto de
solicitante de asilo o la protección subsidiaria permanente».

Los jóvenes Rainder y Miguel Ángel se sienten «inseguros» en España,
reconoce Elsa, su madre. Sin trabajo y sin poder continuar sus estudios
mientras La Habana no cumpla su compromiso de enviar los títulos y
expedientes académicos. Otra piedra en el camino para integrarse en la
sociedad española. «No pedimos privilegios, sino mayor sensibilidad y
comunicación por parte del Gobierno español, que cumplan sus compromisos
y le pida al Raúl Castro que lo haga; da la impresión de que
no lo ha hecho por nosotros sino para ayudar al régimen cubano a limpiar
su imagen ante la Unión Europea», concluye Víctor Rolando Arroyo.

http://www.abc.es/20110313/internacional/abcp-tres-generaciones-desterrados-20110
313.html

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