Ladies in White

Represión
Dolia y los escribidores

Ningún intelectual, por mucha nostalgia que tenga del comunismo, puede
obstruir el sueño de Nelson Aguiar y su esposa de querer vivir libres en
Cuba.

Raúl Rivero, Madrid
martes 20 de febrero de 2007 6:00:00

Existe ahora en el mundo una categoría especial de demócrata que
desprecia las dictaduras y está dispuesto a dar la vida (eso dicen, al
menos en público) por la de expresión, el pluralismo y la
tolerancia en todos los países. Excepto en Cuba.

Se trata de casos de personas que suelen tener altas tribunas o de
individuos a quienes los beneficiarios les facilitan espacios para que
diseminen esa idea movediza y enferma de raíz. Hay entre ellos hombres
cultos, de experiencia política (la inmensa minoría), y una dotación
espléndida de vehementes, enlutados nostálgicos del socialismo real, que
buscan los pretextos más retorcidos y obscenos para que Cuba siga
paralizada.

Ese staff de redactores se presenta en todas partes con la desfachatez
de su estilo de albañal, sus párrafos inflamados y su prosa de
ferretería. A mi me gusta leer a los más osados: los aspirantes a
bañistas en Varadero, los receptores de las condecoraciones del régimen,
los almorzadores oficiales en los banquetes en el único país que les
recibe como intelectuales y adonde van dar lecciones de todos los
dominios en los que han fracasado en sus sociedades competitivas.

Ellos son ya puro folclor y colaboran con sus rencores elegidos y sus
descalificaciones absolutas, a mostrar las líneas terciadas de los
pasquines cubanos y las anchuras y expansiones de la prensa libre en las
naciones democráticas.

Es una retaguardia conciente de que pone los últimos petardos a favor de
una pasión baldía: la dictadura cubana. Pero ellos, en un fluido
intercambio de conferencias, simposios, cenas y pachangas, que sufraga
la pobreza de los ciudadanos de la Isla, continúan en su encarnizada
competencia a guayabazos.

Todo eso forma ya parte del paisaje final. En él se puede ver el set
desmantelado, las luces que se apagan, los actores que se cambian de
ropa a toda prisa, los tramoyistas que roban las bicicletas y esta gente
frente a un ordenador escribiéndole hojuelas a un guión que nadie va a
poner en escena.

Las mareas de textos solemnes que distribuyen estos escribidores en
todos los soportes —del papel al aire— son, en realidad, insoportables.
Lo son por vanos y apagados. Lo son porque la teoría de una felicidad
que nadie ha visto nunca se pulveriza cuando se pone frente a esta pieza
de la correspondencia de la señora Dolia Leal Francisco, fechada en La
Habana, en febrero del 2007, donde habla de su esposo, el prisionero
político Nelson Aguiar Ramírez.

"Las autoridades —dice la mujer— dieron la orden de eliminar a Nelson,
por eso lo enviaron a las galeras. Se puso en huelga de hambre 10 días y
bajó 22 libras de peso, pero él es hipoglucémico y tampoco puede estar
sin comer. Sobrevivió porque tenía unos sobrecitos de azúcar y cuando
sentía que iba a perder el conocimiento se echaba uno en la boca con un
poco de ".

"Nos están castigando mucho a él y a mi. Me hostigan, desde el 2005
hasta ahora me han dado seis actos de repudio. Quiero que me ayuden a
salvar la vida de mi esposo. Ya falleció el hermano Miguel Valdés Tamayo
y no quiero que Nelson sea el próximo".

Nelson Aguiar cumple una sanción de 13 años. Entró en la cárcel en la
primavera de 2003 y es electricista. Ella es fundadora de las Damas de
Blanco y los dos nacieron en Cuba y quieren vivir libres allí. Ningún
intelectual, de ninguna parte del mundo, por mucha nostalgia que tenga
del comunismo, puede obstruir ese sueño.

http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/dolia-y-los-escribidores/(gnews)/1171947600

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