Ladies in White
OLA REPRESIVA
Más allá del muro

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba – Diciembre (www.cubanet.org) – El muro se divisó con sus paredes petrificadas. Alto y grueso como un cíclope, con sus humedades hurtadas a la prehistoria, se recostó sobre las pupilas de los cubanos.

Lo vieron también en Madrid y en las Polinesias, en las islas Malvinas y en el Reino de Lesotho. Joseph Borell, el del Parlamento Europeo quiso abrirle un orificio, pero tuvo que desistir en su empeño. Sus palabras chocaron con estrépito, en vuelo sin escalas, desde Estrasburgo.

El sedimento del inmovilismo mostró su dureza a pesar de las grietas abiertas por el agotamiento y las fricciones del calendario represivo ya encanecido, rígido e inmóvil como un fósil negado a aceptar las reglas de la civilización.

La tarjeta blanca, no es por su color, un signo de esperanza. Deviene en parte de la albañilería utilizada para convertir la isla en un fortín, la nación en una cárcel.

Debajo del tono claro y la franja azul, se esconde la incertidumbre, se pavonea el menoscabo a la dignidad del ser humano.

Las , saben de qué hablo. El permiso para salir a buscar el Premio Sajarov se perdió en la espesura del odio.

Ellas no pudieron estar allí para hablar de sus familiares escoltados por un universo de rejas y candados. Algunos lánguidos, otros aturdidos por la sordidez. Todos muriendo con lentitud, sobreviviendo al tedio, abrazados al estoicismo y seguros de su inocencia.

No les fue posible alumbrar al mundo, desde Estrasburgo, con sus verdades, su perseverancia por conquistar la justicia, sus anhelos de ver a sus seres queridos libres y a la Patria despojada de fundamentalismos. Tuvieron que volverlo a hacer basadas en La Habana. Fue la alternativa impuesta por un NO que ásperamente se repite.

Laura, Miriam, Berta, Julia y Loida utilizaron sus voces para burlar las sombras que prodigan las fortificaciones. A través del teléfono la denuncia caló profundo en la mente de los legisladores. Cayó otro pedazo del muro, trozos de impiedad, el prestigio hecho polvo.

Para estas mujeres que llevan el valor como un apéndice de su cuerpo y el amor como un estandarte de lucha, el premio nunca figuró en sus perspectivas. No esconden el júbilo, ni los agradecimientos, pero el trofeo mayor son los instantes del retorno de sus familiares al hogar y la instauración de un estado de derecho donde las opiniones diferentes no sean delitos que merezcan la cárcel.

Particularmente, creo en la coexistencia pacífica, en la tolerancia, en la reconciliación y en la necesidad de una apertura con la que curar los rencores. Es la única manera de acercar al país a la prosperidad y a una verdadera cultura cívica.

Yo continúo apostándole a las Damas de Blanco. Son mujeres que merecen respeto y admiración.

Destellos en las penumbras, flores en un páramo, en el desierto, abrigo en la intemperie. De mil formas se les puede describir sin alcanzar toda su magnificencia.

No es un culto a la personalidad. Nada de eso. Es un aplauso construido con palabras, una reacción, un deber cuando el decoro y la firmeza tienen rostro de mujer y visten de blanco.

http://cubanet.org/CNews/y05/dec05/16a6.htm

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